Ese día, la zona alta de Teatinos parecía sucumbir al verano bajo el
tormento de las chicharras que, vengativas, aunaban sus zumbidos
con los de los aires acondicionados de toda la ciudad. Terral. Récord
histórico. Ser valiente se medía en minutos al sol sin una cerveza
fresca ni una triste gorra, y nadie parecía estar interesado en establecer
una primera marca. Puertas y ventanas cerradas a cal y canto, como
si Dios, tentado de freírle los sesos a la humanidad, hubiese enviado
las diez plagas de la asfixia, empezando por la flama y terminando
por el bochorno. La Costa del Fuego. A Celsius no le quedaban más
rayitas con números para pintar en los termómetros, y los malagueños
hubieran pensado en huir de Boquerolandia en una segunda espantá
si no hubieran tenido las neuronas derretidas por el calor.
Los turistas, que aún no conocían cómo las gastaba Lorenzo cuando
irradiaba con avaricia, le mantenían el pulso a la siesta como alternativa
a la muerte súbita por combustión espontánea. Es decir, hacía calor
con cojones.
La tarde se planteaba igual de inmisericorde y la noche prometía
justicia para los adoradores del inferno en la tierra. Frida qué Khalo.
¿Un espacio con alma o un alma con espacio? Blog número tropetecientos mil y un trompo a su servicio. Pasen y lean, están todos invitados. Venus al alba ¿ya lo había dicho?
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lunes, 12 de junio de 2017
domingo, 7 de mayo de 2017
Para morirse solo hay que estar vivo
Eso decía
siempre mi abuelo Juan. Una de sus muchas e inestimables enseñanzas. No en vano
pasaba más de cuatro meses al año en el pueblo con mis abuelos; entre verano, Semana
Santa, Semana Blanca, Navidades, fines de semana y fiesta de guardar tuve la
gran suerte de disfrutar de ellos y, sobre todo, de que ahora su recuerdo inunde mi
presente como un remanso ambiguo de paz y melancolía.
De mi
abuelo Juan heredé el defecto de fábrica de reírme hasta cuando las
circunstancias no lo aconsejan, por ejemplo, por miedo, o cuando la vida te
indica que hagas lo contrario. Me contaba por las noches, junto a mi abuela
Cándida —una de las mujeres más honestas que he conocido—, cómo vivieron la
Guerra. Cómo huyeron hacia Valencia, en la espantá (aunque los medios se empeñen en llamarla Desbandá), sin nada más que beber que el agua de
lluvia que se acumulaba en sus propias huellas o arriesgando sus vidas por
robar una naranja de un huerto, custodiada por escopetas con dueño.
Cómo se escondían de las bombas, al sonar las sirenas, en los propios boquetes
que ellas mismas hacían, seguros de que la probabilidad de un doble impacto perfecto
era infinitamente menor que cualquier otra opción. Como un avión, La Pava, por
el ruido lento y monótono que aterrorizaba a la propia noche, los visitaba
eventualmente para recordarles dónde estaban, lanzando susurros de muerte cada
vez que liberaban una andanada. Cómo el impacto de una bala en la carne se
siente como si te mordiera una avispa —que muerden—, y te mueres sin darte
cuenta cuando vas huyendo con tu hijo en brazos.
Me crie
oyendo contar a mi abuelo Pepe, junto a mi abuela María —una de las mujeres más
valientes que he conocido— que perdió 7 años de su vida entre la mili y la
Guerra, cómo los cadáveres formaban montañas que algunos escalaban para huir en la espantá (que no es el nombre del ataque por tierra, mar y aire en la carretera hacia Almería, como también aseguran algunos medios, la espantá fue la huida en sí), o cómo mataron al hijo de una vecina que había sido acusado sin motivo
para que esa mujer “pudiera sentir lo que es perder a un hijo injustamente”. De
mi abuelo Pepe heredé el rictus serio y la capacidad de absorción en ciertos momentos que contrasta
enormemente con otras herencias.
Mis
abuelos contaban esas historias sin afectación, como si fueran verdades a
medias, quizás realidades soñadas. Pero siempre, al acabarlas, ocurría lo
mismo. Por unos segundos, miraban a un punto indefinido y callaban como si la
muerte todavía rondara cerca, con el respeto del silencio por los que deberían
estar. Nunca se les fue el miedo del todo, aunque como todos los héroes de las
Guerras, aprendieron a vivir con él.
Me crie
mamando esas historias, no me hace falta que nadie me las cuente en la noticias.
domingo, 23 de abril de 2017
El unicornio de la ilusión
| Beatriz Vera: Peter Pan |
| Beatriz Vera: Bruja Malvada |
| Beatriz Vera: El rey león |
| Bestriz Vera: Alicia en el país de las maravillas |
Pero de vez en cuando, ciertos especímenes maravillosos sacan los pies del tiesto.
| Beatriz Vera: Harry Potter |
Y te recuerdan que si no persigues tus ilusiones es porque no quieres, nadie te obliga aunque no te faciliten las cosas.
Si no disfrutas con tu trabajo es porque no quieres, nadie te obliga a ser infeliz aunque siempre haya gente tóxica como minas esperando ser pisadas.
Nadie te impide perseguir tus sueños, aunque haya motivos más que suficientes para dormir despierto.
Nadie te impide creer en la magia, porque la magia, como la fe, es intangible sí, pero realidad al fin y al cabo.
Gracias a todos aquellos seres creadores, tan necesarios en un mundo destructor.
Gracias, Beatriz Vera.
lunes, 13 de marzo de 2017
De Magníficos a Fantástico
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| Leer en Capitán Fantástico |
No había escuchado hablar de ella. Ni había visto ningún tráiler en la televisión (seguramente dado el número de horas que la visualizo a la semana, las opciones eran nulas). Pero llegó a mí a través de lo que los de marketing conocen como WOM y que no es más que el boca a boca. Primero, estando en París, cuando alguien importante para mí me corrigió: «huy, “interesante”, palabra prohibida», y me hizo recapacitar para dar una opinión. Semanas después, mi hermana me habló de una película diferente y entretenida, de las que a mí me iban a gustar.
Son siete, magníficos, seis «prole» y un fantástico e imperfecto padre. Cuando terminé de verla sentí la ilusión de un posible libro en el que hubiera estado basada la película, pero no, para una vez que tendría sentido…
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| Cola: agua envenenada |
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| Chomsky mejor que la Navidad |
Muestra cómo la salud se debe a una alimentación, en el amplísimo sentido del término, equilibrada: se debe alimentar sano el estómago, el cerebro, el corazón y el alma. Se muestra el respeto por todo ser vivo, animal y vegetal: no se cultiva ni se cría tanto como se caza o recolecta. Se muestra el respeto por las personas, por sus opiniones aunque difieran de las propias y cómo nadie puede estar en posición de hacer valer sus razones por encima de los demás ni imponer sus verdades. Se muestra que la necesidad de pertenecer a una tribu nos hace pensar en la fuerza del grupo pero nos debilita como individuos.
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| El 7º Magnígico: Viggo |
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| La belleza del fin de la vida |
Sweet child of mine, va por ti.
domingo, 5 de marzo de 2017
Cuando Logan te cura de espantos
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| Hugh Jackman |
Pocas veces he visto un personaje de cómic hecho piel como James Howlett, Logan, se calza a Hugh Jackman. Para los que nos enseñamos a leer con Marvel, es mucho.
Excepto por la innecesaria muestra sangrienta, en un mundo desagradable hasta la anestesia, la película plasma una realidad humana más allá de la mutante: la necesidad de descansar en paz aquellos que sufren, su derecho a que tanto dolor redima sus errores (véase diferencia entre errar y ser un H de la GP).
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| Lobezno |
Ya que no hemos elegido nacer, no sé por qué no podemos elegir morir.
viernes, 3 de marzo de 2017
De Veganos y vegetarianos y marranos
De que de la alimentación actual deberíamos renegar no creo que quepa la menor duda. El 80% de los antibióticos en EE.UU. se usa para el ganado. Esto es, luego vienen un atajo de mentes privilegiadas políticas a decirnos que no nos automediquemos con antibióticos (a ver quién es el guapo que saca sin receta médica una sola pastilla desas), sosí, la carne y el pescado que nos venden que tengan todos los que quieran y más. Y si hace falta, también hormonas, hala, ahí, a lo "qué grandes somos, compay". Ni que decir tiene que la leche de vaca está repletita desas sustancias tan chachis. De los huevos dicen primero que sí, luego que no... Porque otra cosa no, pero mentiras al respecto haberlas, haylas.
Para colmo, la forma en que se genera comida animal, uséase, cría y sacrificio de pollos, cerdos, vacas, salmones, doradas, etc., es de todo menos natural. Pero que las aberraciones se hayan convertido en rutina no quiere decir que sea ni medio normal. Hasta tal punto se normalizado las técnicas de superproducción de alimentos que el hacinamiento de animales, la forma de sacrificio o, incluso, la alimentación (¿alguien ha visto el reportaje de cómo se alimentan a patos y ocas para luego hacer foie? No tiene desperdicio) de forma salvaje, aberrante y cruel no produce ningún efecto de empatía, en general, en el ser humano (porque se sigue permitiendo). La mayoría de las personas del primer mundo está anestesiada contra estas prácticas antinaturales.
Para colmo, como somos unos insensibles, extendemos dichas aberraciones a empresas productoras de pieles (cómo matan a las focas a palos, por ejemplo, para desollarlas y dejarlas tiradas...). Entonces, cuando algunos ven semejante perversión del consumismo, hincan rodilla en el suelo y ponen a Dios por testigo. Razón no les falta, lamentablemente, pero eso no es errar el ser humano, más bien, es para herrarlo.
Qué más da si los árboles también sangran, como se llama resina... Lo malo, queridos veganos y vegetarianos, es que aunque no sintáis simpatía por estos seres vivos sin ojos ni boca, comerlos también supone un riesgo para la salud. Es lo que tiene la alimentación alfalfil y bichil actual, que es harto insana, toda. Y producida de forma aberrante. Toda.
Pero no nos confundamos. El problema está en haber perdido la perspectiva. En no ceñirse a la producción sostenible de alimentos, en dejarnos llevar por el más bajo instinto consumista que provoca un exceso de demanda, insostenible (y llegará el día en que nos arrepintamos), en haber perdido de vista que el respeto debe empezar por los seres más pequeños e insignificantes, aunque nos los comamos. Un apio producido en un huerto realmente ecológico, recolectado en su tiempo, te devolverá ese respeto en forma de alimento saludable (no que ahora es uno de las hortalizas que más metales pesados acumula, con lo buenos que son sos elementos pal body serrano). Y, de igual forma ocurrirá si te comes un bicho criado y sacrificado con respecto.
Para colmo, la forma en que se genera comida animal, uséase, cría y sacrificio de pollos, cerdos, vacas, salmones, doradas, etc., es de todo menos natural. Pero que las aberraciones se hayan convertido en rutina no quiere decir que sea ni medio normal. Hasta tal punto se normalizado las técnicas de superproducción de alimentos que el hacinamiento de animales, la forma de sacrificio o, incluso, la alimentación (¿alguien ha visto el reportaje de cómo se alimentan a patos y ocas para luego hacer foie? No tiene desperdicio) de forma salvaje, aberrante y cruel no produce ningún efecto de empatía, en general, en el ser humano (porque se sigue permitiendo). La mayoría de las personas del primer mundo está anestesiada contra estas prácticas antinaturales.
Luego están los que sí son sensibles, pero que tampoco son objetivos. Los que pretenden suplir tanta subnormalidad productiva tirando de verde: los que solo comen vegetales, hortalizas y verduras (que no son lo mismo, oigausté), frutas, semillas y primos hermanos; y, ofcors, su versión ultra: los que aparte de animales aborrecen la leche, sus derivados, los huevos y fiestas de guardar. Somismo, lo que viene siendo vegetarianos y veganos.
Todos ellos reniegan del sufrimiento animal y de los métodos perjudiciales para el entorno de la producción de este tipo de alimentos de origen bichil. Y, también ofcors, se olvidan de que, por ejemplo, para producir soja se tala la selva amazónica a la velocidad de la luz o de que los huertos industriales automatizados, cuando por ejemplo fumigan, prohíben el paso al ser humano porque la intoxicación por esos pesticidas es mortal (pero de necesidad, no de la de luego si eso dentro de 30 años te sale un cáncer). Pero como las plantas no hablan ni expresan su dolor de forma perceptible para el ser humano, que se jodan. ¡Pordió, qué poco trascendió Avatar en la mente del consumidor!
Para colmo, como somos unos insensibles, extendemos dichas aberraciones a empresas productoras de pieles (cómo matan a las focas a palos, por ejemplo, para desollarlas y dejarlas tiradas...). Entonces, cuando algunos ven semejante perversión del consumismo, hincan rodilla en el suelo y ponen a Dios por testigo. Razón no les falta, lamentablemente, pero eso no es errar el ser humano, más bien, es para herrarlo.
Qué más da si los árboles también sangran, como se llama resina... Lo malo, queridos veganos y vegetarianos, es que aunque no sintáis simpatía por estos seres vivos sin ojos ni boca, comerlos también supone un riesgo para la salud. Es lo que tiene la alimentación alfalfil y bichil actual, que es harto insana, toda. Y producida de forma aberrante. Toda.Pero no nos confundamos. El problema está en haber perdido la perspectiva. En no ceñirse a la producción sostenible de alimentos, en dejarnos llevar por el más bajo instinto consumista que provoca un exceso de demanda, insostenible (y llegará el día en que nos arrepintamos), en haber perdido de vista que el respeto debe empezar por los seres más pequeños e insignificantes, aunque nos los comamos. Un apio producido en un huerto realmente ecológico, recolectado en su tiempo, te devolverá ese respeto en forma de alimento saludable (no que ahora es uno de las hortalizas que más metales pesados acumula, con lo buenos que son sos elementos pal body serrano). Y, de igual forma ocurrirá si te comes un bicho criado y sacrificado con respecto.
Y es que el ser humano, le guste o no al personal, es omnívoro de toda la vida de Dios y, aunque sientas predilección por esto o aquello, una dieta equilibrada, real y objetivamente, incluye de to, toíto to. TE GUSTE O NO, Y SI NO QUE SE LO DIGAN A MI MARE, QUE TE LO COMAS TO LO QUE HAY EN ER PLATO... Y chitón...
Quizás haya que empezar a respetarnos a nosotros mismos, por ejemplo, a no echarnos en la piel productos químicos que si nos introdujéramos por la boca, nos produciría una defunción así... aligerando, desas de aquí te pillo aquí te mato. Y así, para los cortitos que piensan que la crema solar es la solución contra el cáncer de piel, encontrarían una alternativa mejor: quizás respetar (volvemos a lo mismo: respeto) las horas solares, sería de más ayuda.
Y, por fin, haciendo extensivo el respeto respetuoso, lo mismo llegamos a darnos cuenta de que a lo mejor si no hubiéramos permitido que gobiernos y farmacéuticas nos hubieran estado envenenando durante tantos años, los avances de la medicina realmente sí habrían conseguido que el ser humano llegara con cierta salud por encima de los 100 años. Porque lo normal es la salud, aunque hayamos hecho de la enfermedad lo habitual.
Pero, claro, es mejor realizar investigaciones científicas inservibles para lucimiento de mediocres en los que se afirme que el cáncer es el resultado del envejecimiento natural de las células (tócate el Henry...) o aquellos otros que afirman que las centrales eléctricas no repercuten en la salud del ser humano (y también los Jones...). Con sus aplaudidores profesionales incluidos, mirusté.
La naturaleza es sabia, cada ser humano es una célula del mundo que, cuando se vuelve cancerígena, es el propio organismo el que regulariza la situación mediante apoptosis.
Habrá que dejar de inventar curas, y centrarnos en no reinventar enfermedades.
La naturaleza es sabia, cada ser humano es una célula del mundo que, cuando se vuelve cancerígena, es el propio organismo el que regulariza la situación mediante apoptosis.
Habrá que dejar de inventar curas, y centrarnos en no reinventar enfermedades.
viernes, 24 de febrero de 2017
Camas deshechas
| Sebastopol, París |
Pero no es lo mismo una cama en la que ya has probado su comodidad, has notado si es posible dormir y descansar (que no es lo mismo) a la primera. Hay camas que, incluso, te dejan soñar.
| Silken Juan de Austria, Valladolid |
Algunas veces, tanto viajar te resulta agotador, y podrías dormir en una cama de clavos.
Tengo la suerte de que de vez en cuando me invitan a dar conferencias por aquí y allí. Chancleteas media España e, incluso, asomas hociquillos al resto del mundo.
| Catalonia Santa Justa, Sevilla |
| ¿Este ande fue, mare? |
La verdad es que ya he perdido la cuenta, y no son tantas, será la edad. Y es que me siento como si llevara ya dos o tres eternidades en marcha. Ergo dadme una buena cama.
viernes, 17 de febrero de 2017
Mark Ryden, La cámara de las Maravillas
| Queen Bee, Mark Ryden, CAC |
| Yoshi, Mark Ryden, CAC |
La muestra, de 55 obras, tiene un sheriff sin pistola, Fernando Francés, y unas definiciones muy coolturales. Surrealismo pop, oscura nostalgia, complejos elementos psíquicos que se esconden bajo la superficie de clichés culturales... Pues es verdad, toíta la verdad.
| Dodecahedron, Mark Ryden |
A Gabriel, pollito, le pareció una colección de cuadros raros de muñecas bonitas y paisajes raros. Lo de las vísceras y la obsesión por el "tío de las barbas (A. Lincoln)" ya no le hizo tanta gracia.
| Aurora, Mark Ryden, CAC |
El CAC es uno de los platos fuertes culturales de Málaga. Y, además, es gratis (sí, sí, de verdad, no es broma, ni IVAS ni VENÍAS). Chapó. Al César lo que es del César.
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